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Gómez de la Serna la definió como el “Patio de las Españas”. Sus arcos, comercios típicos y castizos mesones la convierten en uno de los principales atractivos de la ciudad. Veamos algo más sobre su origen, historia y los variados usos que se le ha dado. Durante el Siglo XV se empieza a formar espontáneamente una explanada en la intersección del camino de Toledo y Atocha. En ella se localizaba el mercado principal en el que se dispensaban alimentos, telas, herramientas y demás productos. A este primer enclave se le llamó Plaza del Arrabal, ya que se encontraba fuera del recinto amurallado. Una de las primeras modificaciones, ordenada por los Reyes Católicos, consistía en el cierre del solar por medio de soportales para proteger de la intemperie los puestos de los mercaderes. Con ello se pretendía evitar desastres similares a los producidos anteriormente por las inclemencias del tiempo, como ocurrió en 1495. Será Felipe II quien empiece a dar forma a la plaza, ordenando su construcción y saneamiento a Juan de Herrera en 1580. Tras el derribo de diversos edificios para ampliar el espacio, diez años más tarde, se levanta la Casa de la Panadería (Diego Sillero, 1590). Las obras continuaron hasta que en 1617 Felipe II ordena la finalización de las obras a Gómez de Mora. Los trabajos terminaron en 1619. Desde su finalización, la plaza ha sufrido muchas y variadas obras de remodelación, destacando las motivadas por los incendios de 1631, 1670 y 1790. Este último fue el más importante al destruir más de un tercio de la plaza, la cual fue reformada por Juan de Villanueva, quien encargó rebajar la altura de los edificios que componen la plaza, pasando de cinco a tres pisos. En 1848 y por deseo expreso de Isabel II, se instala en el centro la estatua de Felipe III, realizada por Pietro Tacca y Juan de Bolonia Seguir hablando de la Plaza Mayor, seria para llenar hojas y hojas, debido a que, prácticamente toda la historia de Madrid, pasa por ella de alguna u otra manera. Actualmente es el lugar donde se da el pregón de la Fiesta de San Isidro, patrón de la Villa. Es visita obligada de los turistas que acuden a Madrid, así como de los propios habitantes, en sus paseos, tanto matinales para tomar alguna tapa de las muchas que se ofrecen por sus aledaños y como nocturnos, con el ejemplo de los "bocadillos de calamares", como termino a una tarde de cine, paseo o teatro, o una noche antes de empezar la visita al espectáculo previsto. Suelen ser visita, casi obligatoria, los festivales, la venta de temas filatélicos, los puestos de Navidad, y un multitud de etcéteras, y también como final de la cabalgata de Reyes Magos |