La plaza de la Cebada articulaba, al igual que la Plaza Mayor, un conjunto de espacios vacíos originados a partir del siglo XV en los extramuros de la Puerta de Moros.

Aquí se situaba uno de los mercados madrileños para la venta de cereales, legumbres y otros productos. Es por tanto y teniendo en cuenta el carácter agrícola de la sociedad madrileña, hasta bien entrado el siglo XIX, uno de los puntos económicos más destacados de la ciudad.

Su nombre se debe a que en este lugar se separaba la cebada destinada a los caballos del rey de la de los regimientos de caballería. El grano lo traían a vender a esta plaza los labradores de la cercanía de Madrid.

En el siglo XVII fue el lugar donde se instalaron las ferias de Madrid y en el siglo XIX pasaron a celebrarse allí las ejecuciones, siendo ahorcado en 1824 el general Riego y en 1837 Luis Candelas al garrote vil.

En dicha plaza se situaba el mercado de la Cebada que marcaba uno de los límites del espacio recorrido; en un principio, antes de quedar cobijado la venta se realizaba al aire libre en cajones.

Se trataba de un mercado al por mayor, puestos y comerciantes daban un aspecto colorista y lleno de vida, aunque la única fuente que explique este color sea la escrita puesto que las referencias visuales se refieren a antiguas fotografías en blanco y negro.

En 1837 con la desamortización de Mendizábal y su renovación urbanística el caserío circundante fue reformado hasta que en 1875 se inauguró un enorme edificio de hierro de iguales características al que aún hoy podemos ver en la plaza de San Miguel, reflejo, ambos, de la modernidad recién llegada a Madrid.