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Su origen está en el camino que, desde la pequeña villa recién reconquistada, llevaba a la ermita de la Virgen de Atocha, de gran devoción entre los madrileños. Algunos cronistas opinan que Atocha es una corrupción del vocablo griego theotokos (Θεοτόκος), es decir, madre de Dios, o bien que deriva de Antiochia (Antioquía), la ciudad de la que se supone fue traída la imagen, lo cierto es que la palabra proviene de atochar, esto es, un campo de atochas o esparto. Si empezamos nuestro paseo por la calle de Atocha desde el principio, o sea, desde la plaza de la Provincia, el primer edificio significativo que nos encontramos es la nueva iglesia de Santa Cruz. En su solar estuvo una de las mayores joyas de la arquitectura barroca madrileña, el convento de dominicos de Santo Tomás. Tuvo su origen en una cátedra establecida por iniciativa de los religiosos del convento de Atocha, cuyo patronazgo asumió en 1626 el conde-duque de Olivares. El convento se inició en 1635; tanto él como la iglesia primitiva, que se levantó hacia 1583, fueron destruidos por un incendio en 1652. En 1656 fueron reconstruidos, bajo la dirección de José Churriguera y sus hijos Jerónimo y Nicolás. El 17 de julio de 1834 fue éste uno de los conventos que más sufrió la matanza de frailes producida por el rumor que alguien había lanzado y según el cual los religiosos habían envenenado las fuentes provocando la terrible epidemia de cólera que padecía Madrid. Un año después llegó la exclaustración, y el convento fue utilizado como cuartel, ministerio de la Guerra, Tribunal Supremo Militar y Capitanía General. La iglesia siguió destinada al culto, y allí se trasladó la parroquia de Santa Cruz cuando la vieja iglesia fue derribada en 1869.
Por iniciativa del obispo de Madrid Ciriaco María
Sancha se produjo la reconstrucción de la parroquia de Santa Cruz en
este solar. La obra fue encargada al marqués de Cubas, que concibió
un edificio que recordase la alta torre que tenía la vieja
parroquia. Y en efecto, esta iglesia tiene un rojo campanario de
ladrillo visto que fue durante mucho tiempo el punto más alto de
Madrid. Las obras comenzaron en 1889, y tras una paralización entre
1896 y 1899, finalizaron en 1902, bajo la dirección de Miguel de Olabarría, discípulo de Cubas. Realmente no se terminó del todo,
pues la torre debió ser coronada por una aguja que nunca se hizo. Es
interesante la visita de esta iglesia, ya que contiene numerosas
obras de arte procedentes de conventos cercanos que han
desaparecido. Los Cinco Gremios Mayores en Madrid fueron los de joyeros, sederos, merceros, pañeros y lenceros. Se organizaron como institución económica entre 1705 y 1733, y en 1763 constituyeron una compañía que llegó a tener gran influencia no sólo en la economía madrileña, sino en la de toda España.
Este edificio fue construido
para ellos entre 1789 y 1791 por el arquitecto José de la Ballina.
La organización gremial empezó a decaer a principios del siglo XIX,
hasta su desaparición total. Y con esta desaparición, el edificio
cambió de manos. En 1845 se instaló allí el Banco de Isabel II, que,
al fusionarse dos años después con el de San Fernando dio lugar al
Banco de España, que en este lugar tuvo su primera sede. Y en ella
permaneció hasta su traslado a la actual, en la plaza de Cibeles. En 1590 empezaron las obras de la iglesia. Sabido es que una de las principales misiones de los frailes trinitarios era la redención de cautivos. A este convento pertenecían fray Juan Gil y fray Antonio de la Bella, que rescataron en 1580 a Miguel de Cervantes de su cautiverio en Argel. El convento de la Trinidad fue exclaustrado y en 1838 se expusieron en él numerosas pinturas procedentes de otros conventos clausurados. Posteriormente fue dedicado a teatro y conservatorio y en 1847 nuevamente albergó una exposición de pintura; aunque se pensó instalar allí un Museo Nacional, lo cierto es que al año siguiente, 1848, fue destinado a Ministerio de Fomento. En 1897 fue derribado; en su solar se abrió la calle hoy conocida como del Doctor Cortezo, que antes fue de Barrionuevo. También se aprovechó parte del terreno libre para construir un teatro, que primero se llamó Odeón, luego del Centro y hoy Calderón.
Hubo intentos,
recién fallecido el genial escritor, de dedicárselo a Galdós. Las obras tuvieron lugar
entre 1915 y 1917, y fue su arquitecto Eduardo Sánchez Eznarriaga. Se creó en 1541, segregándola de la de Santa Cruz. Y la iniciativa fue de un tal licenciado Francos, párroco de Santa Cruz, que tenía un sobrino al que vino muy bien convertirse de repente en párroco. El espacio que ocupaba la antigua iglesia de San Sebastián estaba casi copado por las numerosas capillas que en ella fundaron las muchas congregaciones que la eligieron como sede:
En la fachada que da a la calle de
Atocha, unos azulejos recuerdan que allí está enterrado Lope de
Vega, aunque no se sabe dónde. Fue Mesonero Romanos el que, llevado
por su natural curiosidad, intentó comprobar si los restos del Fénix de los Ingenios
seguían en el segundo nicho del
tercer orden de la bóveda, como se decía en documentos que
pudo consultar. Pero cuando, acompañado del párroco Quijana, abrió
tal nicho, encontró en él enterrada a la hermana de un vicario de
Madrid apellidado Ramiro y Arcayo. Los huesos de Lope de Vega fueron
víctimas de las “famosas mondas ó estracciones de cadáveres que se
verificaban periódicamente”, en palabras del mismo D. Ramón.
El nombre lo debía a una imagen de la Virgen de Loreto
traída de Roma en 1587. Felipe IV cambió el espíritu del colegio y
lo destinó a la educación de las hijas de altos cargos civiles y
militares y de magistrados. Su iglesia fue terminada precisamente
bajo el gobierno del rey galán,
en 1654. Colegio e iglesia desaparecieron a finales del siglo XIX de
este lugar, y fueron trasladados al número 42 de la calle del
Príncipe de Vergara, donde aún subsisten, aunque hoy es conocido
como colegio de las Ursulinas. En el plano de Texeira se le nombra como albergue de San Ildefonso de niños de la Doctrina y no se tiene memoria de su fundación.
Mesonero Romanos indica que en
1609 se estableció un recogimiento de niños y niñas bajo la
advocación de Nuestra Señora de los Desamparados, trasladado desde
el convento de Santa Isabel. Perduró así hasta 1852, cuando se fundó
el Hospital de hombres incurables de Nuestra Señora del Carmen
utilizando para ello el edificio del albergue. Los niños fueron
trasladados al Hospicio. El Hospital desapareció, y el edificio
estuvo cerrado largo tiempo, pero fue restaurado y en la actualidad
es la sede de la Sociedad Cervantina y alberga un Museo Cervantino.
Inmejorable emplazamiento, pues aquí, antes de establecerse el
Colegio, estuvo la imprenta de Juan de la Cuesta, de donde salió en
1605 la primera edición del Quijote.
Recuerda el hecho un relieve de Collaut-Valera que fue colocado con
motivo del tercer centenario de esa primera edición. |